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jueves, 29 de enero de 2009

Boody se fue


Llegaste por casualidad. El hijo de una compañera de trabajo te encontró en una cesta de mimbre, abandonado entre dos coches, en la acera. Con tres meses, entró en tu nueva casa un perro de raza, un mastín del pirineo. Tú sobraste y así, entraste en nuestras vidas.
Te recuerdo tranquilo y juguetón. Muy obediente. Pero, sobre todo, cariñoso. Reconociste inmediatamente a tu dueño. Daba igual que otro te sacara de paseo, te llevara la comida y el agua, jugara contigo. Tú sabías quién manejaba en casa la sartén. ¡Y qué bien olía esa sartén! ¡Cómo esperabas impaciente la hora de la comida si tu dueño había hecho cocido!
Por eso le esperaste. Sólo querías que te quitaran los dolores, que te dejaran dormir. Pero querías despedirte. Decirle adiós dejándote acariciar las patas, esas que ya no podías mover. Mirándote en sus pupilas. Y permitirle cerrar tus ojos.
Yo quiero esa muerte de perro.

domingo, 26 de octubre de 2008

Bodas de plata


Una vez leí que el que una pareja llegue a celebrar sus bodas de plata o de oro, es un logro personal y como pareja. Esto significa que entre los dos han ganado la partida, y han tenido la capacidad de volver siempre al otro, y la disposición de recibir siempre al otro.
Dentro de tres días celebraré mis bodas de plata matrimoniales.
Me recuerdo con veinte años afirmando sin ningún género de dudas que él sería mi marido para toda la vida. Que si entonces no me casaba, que lo haría después, pero con el mismo hombre. Recuerdo la cara de incredulidad de quien me escuchaba. Alguna iba más allá y ponía esos ojitos de "bueno, ya veremos".
Me recuerdo en cada embarazo, en cada trabajo, en cada hogar. Compartiendo siempre. Me recuerdo llorando, o besando, o abrazando, o gritando. Pero siempre juntos.
Y últimamente, me veo regalada, mimada, cuidada (que ya somos abuelos).
Nada hay como el amor, si éste es capacidad para volver al otro y disposición para recibirle.

"Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de la profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca".
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

martes, 21 de octubre de 2008

Lo cor se spande per amare. Iacopone da Todi


Rebuscando en un olvidado documento, he redescubierto un poema de Jacopone da Todi. ¡Que sorpresa te dan los archivos! Hace tiempo, cuando teníamos más horas y un temario más relajado, podíamos disfrutar en clase de los grandes autores internacionales. Y así, les hablábamos a nuestros alumnos (entonces absortos ante nuestras historias) de cómo surgió el primer grupo de poetas, que podría ser considerado como Generación, allá por el siglo trece italiano, en pleno renacimiento. Cómo, entre sus textos, nace una nueva concepción del amor literario -el neoplatónico y petrarquista-, agotado el tratamiento del amor cortés. Y cómo, de entre todos ellos, podemos hablar de un precursor, Jacobo da Todi, franciscano y poeta, que se dedicó a la vida mendicante al ser testigo de la muerte de su mujer -aplastada por un palco en una fiesta- y al descubrir en su cuerpo un cilicio.
Vaya en recuerdo de aquellos días de poesía y pedagogía.
Amor, amore che sì m’hai ferito,
altro che amore non posso gridare;
amor, amore, teco so’unico,
altro non posso che te abbracciare,
amor, amore, forte m’hai rapito,
lo cor sempre se spande per amare.
Iacopone da Todi

jueves, 16 de octubre de 2008

El beso


Había decidido crear una entrada sobre “el beso”.
Lo hice antes de descubrir que este año se cumple el primer centenario de la presentación en público de El beso de Rodín, en la exposición de arte de Viena. Siempre me ha fascinado esta escultura. Quisiera colarme yo misma entre esos brazos y gustar ese beso frío y seco.
El beso. Jose Luis Garci, ha escrito y dirigido una película sobre su historia. Gustavo Adolfo Bécquer ha creado una leyenda. Klimt lo ha dibujado. Rodín lo modeló. Hasta una emisora de radio lleva este nombre.
El beso. La más auténtica forma de acercamiento. ¿No recordáis el primer beso?, ¿ese ensayo general de la felicidad?

Yo ya me despedía.... y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí... Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»
Amado Nervo

domingo, 5 de octubre de 2008

Segundas partes


Es cierto que "segundas partes nunca fueron buenas". Este simple adagio se cumple también en la mitología. Me explicaré.
Cuenta Publio Ovidio Nasón que Teseo se sirvió del hilo del vestido de Ariadna para encontrar la salida del laberinto, una vez que había dado muerte al Minotauro. Historia archiconocida por todos y que apenas plantea novedad. Sin embargo, ¿alguien sabe qué ocurrió después? Me refiero a cómo continúa la historia de amor entre Teseo y Ariadna, cuando ambos abandonan la isla de Creta y emprenden una vida en común.
Pues Teseo, el valeroso, el inteligente, el enamorado... se cansó de Ariadna y la abandonó, mientras dormía, en Nixos.
Pero ambos tienen segundas partes: Ariadna, rehace su vida con Dionisos -¿podría haber encontrado un dios más divertido?- y Teseo se une a Fedra, hermana mayor de Ariadna, con quien vive una trágica relación , surcada de incestos y muertes.
De Ariadna adquiere el "hilo" y Fedra lo "lía", hasta la muerte.

viernes, 3 de octubre de 2008

Apolo amante de Hiacinto


Hiacinto era de gran belleza, de tal modo que Apolo se enamoró de él. Un día en que los dos se entretenían lanzando el disco, el viento desvió el proyectil, o bien éste chocó contra una roca y rebotó con tan mala fortuna que dio a Hiacinto en la cabeza y lo mató. Consternado, Apolo quiso inmortalizarlo, y transformó la sangre que había brotado de su herida en una nueva flor, el jacinto, cuyos pétalos llevaban unas señales que recordaban el lamento del dios o bien la inicial del nombre del doncel.

Según algunos autores, el verdadero responsable de la muerte de Hiacinto fue Céfiro, rival de Apolo en sus amores con Hiacinto, que habría desviado intencionadamente el disco para vengarse de ambos.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Orfeo y Eurídice


Cuenta Plubio Ovidio Nasón en su Metamorfosis que hubo una vez un hermoso joven llamado Orfeo. Éste era un prodigio con la lira, de cuyas cuerdas extraía las más hermosas melodías. Conoció a la dulce Eurídice y quisieron sellar su amor. A las bodas asistió como padrino el dios Himeneo, a quien Orfeo suplicó un buen agüero para su matrimonio. Sin embargo, Himeneo no pudo evitar permanecer con un aire triste, ausente, como si no pudiese evitar la infelicidad futura de la pareja.

En efecto. Al poco tiempo de la boda, tras unos pocos pero felicísimos días de apasionado matrimonio, Eurídice muere picada en el talón por un áspid. Orfeo no puede superar su dolor y solicita infructuosamente a los dioses que les permitan seguir unidos. Ante el silencio divino, toma la iniciativa y se dirige él mismo al Infierno. Allí viven su segunda vida eterna los muertos de la Antigüedad Clásica. Se presenta ante Plutón y Proserpina, reyes de este lúgubre lugar, y, al son dulcísimo y leve de su lira, solicita recuperar a su esposa muerta, con la promesa de volver juntos de nuevo al Infierno, al final de sus días.

La música es tal y los ruegos tan eficaces que, por unos instantes, se transforma la vida infernal: los condenados allí –Tántalo, Ixión, Sísifo, las hijas de Belo- abandonan sus tormentos, e incluso en los ojos de las Furias aparece una extraña lágrima. Plutón y Proserpina no pueden, emocionados, negarle la gracia. Pero le imponen una condición: deberá salir sin volver la cabeza para mirar a su esposa, hasta haber salido del reino de los Infiernos.

Delante Orfeo, detrás Eurídice, recorren nuevamente el camino de regreso, rodeados de penumbra, terror y fantasmas. El silencio es extremo. Orfeo duda y teme que su esposa no esté detrás. En las mismas puertas del Infierno, a la ribera de la laguna Estigia vuelve la cara e intenta abrazarla. Sin embargo, sus brazos sólo aprietan un ligero humo. Eurídice no se queja pues sabe que el amor ha movido a su esposo. Desde lejos le envía un último adios.

Orfeo no puede soportar su dolor. En vano solicita a Caronte que le lleve de nuevo en su barca, de regreso al Infierno. Desengañado al fin, se retira al monte Ródope, donde vive fiel a Eurídice, desdeñando los ofrecimientos de las ninfas, seducidas por su música.